Cuál es el séptimo arte

¿Cuál es el séptimo arte, por qué se llama así el cine?

Descubre por qué el cine es conocido como el séptimo arte, quién lo nombró así y qué otras seis disciplinas completan la lista clásica de las artes.

Si alguna vez te has preguntado cuál es el séptimo arte, la respuesta corta es casi universal: el cine. Pero inmediatamente después surge la pregunta de verdad: ¿por qué se llama así el cine? ¿Quién decidió que merecía ese lugar en un pódium imaginario? Y, quizás lo más interesante, ¿qué son los otros seis? Lo que parece un simple apodo elegante es en realidad una pequeña ventana a una historia fascinante sobre cómo intentamos clasificar y dar dignidad a las expresiones creativas humanas. Este artículo no es solo una lección de historia; es un viaje para entender cómo una nueva y revolucionaria forma de contar historias, que combinaba tecnología y emoción, logró ganarse un puesto entre las artes consagradas. Así que acomódate, que vamos a desentrañar juntos esta historia.

Para empezar, el concepto de «séptimo arte» no surgió de un debate académico eterno ni de un decreto real. Viene de un hombre concreto, en un momento concreto, con una visión muy concreta. Su nombre es Ricciotto Canudo, un crítico de cine y escritor italiano (aunque de origen francés) que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX. En 1911, en pleno nacimiento del cine como medio de masas, Canudo publicó un manifiesto titulado «El nacimiento de un sexto arte». Sí, has leído bien: sexto. En esa primera clasificación, Canudo ya incluía al cine, pero lo situaba justo después de lo que él consideraba las cinco artes principales. No fue hasta una revisión posterior, en 1923, cuando publicó otro ensayo crucial: «Manifiesto de las Siete Artes». Ahí es donde el cine ascendió definitivamente al séptimo puesto, tras la inclusión de otra disciplina. La propuesta de Canudo no era solo una lista; era una teoría estética que buscaba otorgar al cine la legitimidad artística que muchos intelectuales de la época le negaban, viéndolo como un mero espectáculo de feria o una curiosidad técnica. Él peleó por su reconocimiento como una síntesis suprema de todas las artes anteriores.

Los seis escalones previos: la clasificación clásica de Canudo

Para entender por qué el cine es el séptimo arte, tenemos que saber qué había en los seis primeros puestos según el esquema de Canudo. Él no las inventó, pero las organizó en un orden que reflejaba su evolución y naturaleza. Esta es la lista canónica:

  1. Arquitectura: La primera y más básica. Es el arte del espacio, de crear refugio y orden. Para Canudo, era el fundamento, el arte «útil» por excelencia.
  2. Escultura: El arte del volumen en el espacio. Trabaja la materia (mármol, barro, bronce) para crear formas tridimensionales. Representa un paso más allá de la simple utilidad, hacia la representación.
  3. Pintura: El arte del color y la línea sobre una superficie plana. Añade la dimensión de la ilusión, de crear profundidad y narrativa en un espacio bidimensional.
  4. Música: El arte del sonido y el tiempo. Aquí entramos en un territorio menos tangible, el de las emociones evocadas a través del ritmo, la melodía y la armonía.
  5. Poesía / Literatura: El arte de la palabra. Utiliza el lenguaje para crear mundos, ideas y emociones en la mente del receptor. Canudo la consideraba la quintaesencia del arte «intelectual».
  6. Danza: Este fue el gran añadido en 1923, el que desplazó al cine del sexto al séptimo lugar. La danza es el arte del movimiento del cuerpo en el espacio y el tiempo. Es efímera, rítmica y expresiva.

La inclusión de la danza es clave. Canudo vio en ella el puente perfecto hacia el cine. La danza ya combinaba elementos de la música (ritmo), la escultura (figura en el espacio) y hasta cierto punto la narrativa (drama). El cine, para él, sería la síntesis culminante: tomaba la arquitectura (escenarios), la escultura (figuras en movimiento), la pintura (composición visual y color), la música (banda sonora), la literatura (guion) y la danza (coreografía y movimiento) y las fundía en una única experiencia poderosa y nueva.

El cine como síntesis total: por qué mereció el título

La tesis central de Canudo, y la razón por la que el término séptimo arte caló tan hondo, es que el cine no era solo otra arte más en la lista. Era la primera arte total, la que lograba reunir a todas las anteriores en un lenguaje propio. Pensémoslo:

Un director de cine (o cineasta) es, en cierto modo, un arquitecto que diseña espacios en el encuadre. Es un escultor que moldea la luz y la sombra sobre los actores y los decorados. Es un pintor que compone cada plano con un sentido del color y la forma. Trabaja con músicos (o sonido) para crear atmósfera y ritmo emocional. Parte de un texto literario (el guion) para construir la historia. Y, fundamentalmente, es un coreógrafo del movimiento: el movimiento de las cámaras, el de los actores, el del montaje que da fluidez al tiempo.

Canudo defendía que el cine era el arte de la modernidad por excelencia. Era democrático (llegaba a las masas), era tecnológico (fruto de la industria) y era capaz de crear una nueva realidad más poderosa que la propia. En una época donde el cine mudo comenzaba a explorar su potencial dramático con obras como «El acorazado Potemkin» o «Metrópolis», su argumento era convincente. No se trataba de filmar obras de teatro, sino de crear un lenguaje visual único basado en el plano, el montaje y la iluminación. El término séptimo arte fue, por tanto, un grito de batalla intelectual. Era una forma de decir: «Esto que hacen Chaplin, Méliès o Griffith no es un pasatiempo, es Arte con mayúsculas, y merece su trono propio».

Evolución y críticas a la clasificación

Con el tiempo, la clasificación de Canudo se popularizó enormemente, pero también recibió críticas y evolucionó. Algunos teóricos, posteriormente, intentaron añadir nuevas artes. La más común es la fotografía, que muchos consideran el octavo arte (aunque Canudo, curiosamente, la consideraba un antecesor o subarte de la pintura y el cine). Otros proponen la televisión, los cómics o, más recientemente, los videojuegos como noveno arte, especialmente en países como Francia y Bélgica, donde la historieta tiene un estatus cultural elevado.

La principal crítica a la lista es su rigidez. ¿Por qué solo siete? ¿Por qué ese orden? Las artes no compiten en una carrera. La clasificación puede parecer arbitraria y eurocéntrica, dejando fuera expresiones artísticas fundamentales de otras culturas. Además, en la práctica contemporánea, las fronteras entre disciplinas son cada vez más difusas. El performance art, las instalaciones o el arte digital desdibujan los límites que Canudo trataba de definir con tanta claridad.

Sin embargo, el término séptimo arte sobrevivió a todas estas críticas. Se incrustó en el lenguaje común por una razón poderosa: es útil y evocador. Cuando decimos que el cine es el séptimo arte, no estamos (solo) repitiendo una lección de historia. Estamos reconociendo su estatus cultural, su complejidad como medio que requiere múltiples talentos creativos, y su herencia como culminación de siglos de expresión humana. Es un título de nobleza que el cine se ganó a pulso en sus primeras décadas de vida.

Hoy, más de un siglo después del manifiesto de Canudo, el séptimo arte sigue siendo un término de cariño y respeto. Lo usamos cuando hablamos de cine de autor, de festivales como Cannes, de la obra de directores como Almodóvar o del poder de una gran película para conmovernos. Es un recordatorio de que el cine, en su mejor expresión, es más que entretenimiento: es la prueba viviente de que la tecnología y el arte pueden fundirse para crear algo completamente nuevo y mágico, algo que merece su propio número en la gran lista de las invenciones más bellas de la humanidad. La próxima vez que veas los créditos de una película, piensa en todos esos oficios –guionista, director de fotografía, montador, compositor, diseñador de producción– y verás cómo, efectivamente, el séptimo arte es un crisol donde todos los demás se dan la mano.

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